Noche Maestra

Eres la savia que corre ardiente por mis venas, el oxígeno que purifica mi sangre y me mantiene viva.

¿De donde nació esta pasión?

Tu cuerpo y el mío se encontraron una noche de ritmo tropical.

Se observaron cautelosos y sedientos a la vez.

Se enfrascaron en una danza sensual y cadenciosa,

donde cada uno

confesó su enorme soledad

sin una sola palabra,

pidiendo a gritos

amor

en el más absoluto silencio.

Tu boca y la mía

entablaron un relato de banalidades,

ajenas a la conversación

subterránea,

subcutánea.

Nada parecía justificar ésta ansiedad de cercanía.

Hasta que la palabra clave brotó de tus labios,

esa palabra amalgama de nuestros senderos

que entrelazó tu caminar al mío con una visión de futuro.

Tu literatura y la mía

se olfatearon,

para descubrir en la otra

un aroma tan embriagador

que los sentidos perdieron su natural habilidad,

desconectándonos del mundo entero.

Y así transitábamos,

fundidos

en una aleación de pasión y sentimiento,

ajenos al ruido que nos rodeaba,

teniendo como única música de fondo

el palpitar agitado de nuestros corazones

intimidados por la vorágine de sensaciones.

A medida que el fuego y las llamas

se hicieron más intensos,

la fuerza de nuestra unión

se fue consolidando,

fusionando tus células a las mías,

consumiendo todo el aire circundante.

Nuestras voces

temerosas de perderse en plena génesis,

acallaron su sonido.

Del silencioso ardor de nuestros cuerpos

surgió

volcánico

un gemido sordo

germinando en un bramido abrasador,

enemigo

de miedos y orgullos fútiles.

Y, el clamor

nacido de la simbiosis

de nuestros cuerpos

nos desafió a la eternidad,

proclamando

a viva voz

un AMOR

que tu y yo

no osábamos vislumbrar.

 

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