El cielo se viste de gris metálico y una brisa helada me acaricia el rostro. Apuro el paso, prisionera del tiempo que se diluye y escurre libre por entre
Repentinamente, mis pies se detienen olvidando la neurótica cadencia matinal. Con ritmo propio y sordos a mis súplicas, comienzan a describir pequeños círculos iniciando una danza ondulante que mi cuerpo sigue desconcertado.
Mis cabellos se liberan frenéticos de su atadura de seda y el lazo, sin vida, cae inexorablemente. Mis manos se agitan cual golondrinas y van despojándome de abrigos y ropajes.Súbitamente, el cielo sonríe turquesa, las nubes se esconden de fiesta, el viento se enamora de una coqueta rama de alerce y mi ropa baila, erótica e irresistible, con las alborotadas hojas.
Cuando los rascacielos inician su melódico trino, descubro un atareado duende celeste que adherido a mis raíces busca trenzar mi cascada cobriza.Transeúntes calipso cosechan extasiados guayabas y avestruces que brotan rosadas de los semáforos, mientras los autos arremangan ventanas y neumáticos para evitar las olas.
Sorprendida me río y....hc`jik k l Ì ? ¯








Comentarios recientes
hace 5 meses
hace 6 meses
hace 6 meses
hace 7 meses
hace 7 meses
hace 7 meses
hace 7 meses
hace 7 meses
hace 7 meses
hace 7 meses